Al-Juarismi no inventó el álgebra (y decirlo es repetir un mito)
Los babilonios resolvían ecuaciones siglos antes de Cristo.
Los griegos ya practicaban razonamiento algebraico, aunque lo expresaran geométricamente.
Y Diofanto de Alejandría, en el siglo III, desarrolló métodos algebraicos avanzados cuando Al-Juarismi ni siquiera había nacido… ni existía el islam.
Al-Juarismi nació en el año 780. No formuló teoremas. No propuso nuevos principios matemáticos. No desarrolló una teoría algebraica. Su aporte fue ordenar y explicar procedimientos ya existentes en un manual práctico para administración, comercio y herencias.
Entonces, ¿por qué se le atribuye el álgebra?
Porque uno de los términos del larguísimo título de su libro era al-jabr, y cuando la obra fue traducida al latín en el siglo XII, los europeos tomaron esa palabra y la usaron para nombrar todo un campo matemático. No fue una decisión de Al-Juarismi. Fue una convención posterior.
El islam medieval fue clave como puente cultural, no como origen del álgebra. Transmitió, conservó y organizó saberes griegos, babilónicos e indios. Eso es un mérito enorme. Pero confundir transmisión con invención es deshonesto.
Decir que el álgebra se debe a Al-Juarismi no engrandece al islam ni a la historia de la ciencia; al contrario, la empobrece, porque reemplaza el proceso real —lento, colectivo y multicultural— por un relato cómodo y simplificado.
La historia no necesita héroes exagerados.
Necesita precisión.
Y no: el álgebra no se le debe a Al-Juarismi.
